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dimarts, 20 de març del 2012

UNA REFLEXIÓN SOBRE LAS IDEAS

Un muy interesante artículo sobre las ideas y los pensamientos de cada uno. ¿Realmente somos libres en el pensamiento o está condicionado?

Muy interesante el segundo experimento que se puede leer en el sentido en que lo hace o en el que dice que hayq eu basarse en "hechos" y no en "suposiciones", aunque no nos demos cuenta de que estamos "suponiendo".

Visto en Amazing.es


¿Eres libre?  Seguramente crees que sí, aunque tal vez esa libertad quede un poco diferente en tu mente después de hacer juntos el experimento que estoy a punto de proponerte. ¿Estás listo? Bien porque en este juego voy a adivinar tu pensamiento. ¿Estás preparado para algo así?
Para participar lo único que has de hacer es pensar en lo primero que se te pase por la cabeza, ¿de acuerdo? Si yo te digo que pienses por ejemplo en la primera marca de coche que te venga a la mente, la primera en la que pienses quédate con esa, ¿ok? Bueno, esto era solamente de prueba. Ahora viene la buena, ¿lista? Bien, vamos allá.
Piensa en la primera herramienta que te venga a la cabeza. ¿La has pensado ya?
Ahora piensa en una fecha, ¿ya? Bueno, prepárate entonces para que lea tu pensamiento, esta experiencia te hará entender mejor tu forma de pensar si reflexionas lo suficiente sobre ello.
Antes que nada me gustaría recordarte que tú estás ahí donde estés, haciendo lo que estés haciendo, y mientras (bueno, mucho tiempo antes) yo ya he escrito estas palabras aquí tirado en la cama con el portátil una noche de invierno de marzo de 2012. Veremos si a pesar del tiempo que ha pasado, de que no nos conocemos de nada y de que nunca hemos hablado en la vida, yo he sido capaz de adivinar lo que has pensado en este preciso momento. Sería casi como ¡brujería! Entonces…¿estás listo?
Veamos, tu color favorito es el azul, ¿me equivoco? La herramienta en la que has pensado es el martillo o puede que hayas cambiado sin saberlo finalmente y hayas pensado que es mejor la llave inglesa. No lo sé muy bien, esas son las dos herramientas que me vienen a la mente ahora. En cuanto a la fecha, deja que piense. Veo velas, veo una tarta. Veo gente cantando…”cumpleaños feliz”. ¡Has elegido tu fecha de cumpleaños! ¿Qué tal ha ido la adivinación?
Seguramente he acertado y te estarás preguntando qué diantres ha pasado. La explicación es sencilla e inquietante al mismo tiempo. Sencilla por lo intuitivo de la respuesta, inquietante por las implicaciones del resultado.
Y seguramente ya habrás imaginado por dónde van los tiros. La respuesta la encontrarás en el menú de tu teléfono móvil. ¿Hay una llave inglesa dibujada como icono de alguno de los apartados? Ahí está la respuesta.
La explicación tiene que ver con nuestra memoria y con la forma en la que aprendemos las cosas. Una forma mediante la cual conseguimos que se nos queden los conceptos es la repetición. Si queremos que se nos meta algo en la cabeza lo repetimos una y otra vez. Hay veces en que repetimos las cosas sin darnos cuenta. Eso es precisamente lo que ha ocurrido aquí.


En el caso del martillo y la llave inglesa, han sido utilizadas con mucha frecuencia como iconos y lo siguen siendo, para representar las herramientas. Así que cuando nos piden que pensemos en la primera herramienta que nos venga a la cabeza, pensamos en una de esas dos.
Es decir, que al igual que hacíamos en el colegio para aprendernos la lección, repetir una y otra vez, hay lecciones que hemos aprendido sin pretenderlo, por repetición. Y lo curioso es que esas ideas aprendidas sin darnos cuenta aparecen inocentemente en nuestras cabezas como si de ocurrencias nuestras se tratasen, pensamos que se nos ha ocurrido a nosotros, y no es más que una idea aprendida del entorno.
Y eso da lugar a la siguiente pregunta. ¿Se puede llegar a cambiar nuestra forma de pensar manipulando nuestro entorno, pueden conseguir que tomemos por ideas y decisiones propias las que realmente no lo son? ¿Puede convertirse así nuestro propio pensamiento en un enemigo de nuestra libertad? Y lo que es más importante, ¿hay gente que conoce cómo funciona nuestra mente y lo usa para su propio beneficio?
Cuando planificamos el futuro en nuestro cerebro se activan casi las mismas zonas que cuando recordamos el pasado. No sería raro que usáramos el pasado para imaginar nuestro futuro, y que por lo tanto nuestro futuro estuviera condicionado por nuestro entorno del pasado.
Por cierto, casi se me olvidaba. Con la fecha suele ocurrir algo similar. El de nuestro nacimiento es un momento importante para nosotros y la fecha está muy presente en nuestras vidas, así que pensamos en ella enseguida.
En cuanto al color, es simplemente estadística, casi la mitad de las personas tienen como color preferido el azul, seguido del verde y después el rojo por ese orden. ¡Y yo que me sentía muy especial por tener de colores favoritos el azul y el verde!
Un segundo experimento
Ahora vamos con un segundo experimento sobre algo relacionado y que complementa éste de forma bastante interesante. Puede que esta segunda parte no funcione al ser presentada por escrito, cosa que sí sucede al enseñarlo de forma hablada. Si no te funciona, existe la posibilidad de que lo pruebes con personas de tu entorno, presentándolo del mismo modo en que aquí se hace pero de viva voz. Vamos allá…¿Está bien dicha y escrita la frase “aré lo que pude”? Piensa en ello y antes de seguir leyendo da una respuesta.
Si eres como la mayoría de la gente habrás respondido que está mal dicho, que la forma correcta de decirlo sería “hice lo que pude”. Bueno, cambiemos un poco la frase. ¿Está correcta la expresión “aré la tierra lo que pude”?
Ahora te habrás dado cuenta de forma rápida de que el verbo que acabo de usar es el verbo arar y no hacer, y que por lo tanto está bien dicha la frase, tanto ésta como la de arriba. Pero sin embargo al principio no te diste cuenta de que el verbo utilizado era el verbo arar. ¿Por qué el error? ¿Por qué se produce antes un despiste y después con la palabra tierra de por medio ya no?
El verbo hacer lo usamos con mucha más frecuencia que el verbo arar y lo usamos además asociado a la expresión “hice lo que pude” mucho más que el otro verbo. Así que nos ha pasado igual que antes con el martillo, que es lo primero que nos viene a la mente, pensamos mucho antes en el verbo hacer que en el verbo arar. Sobre todo con la expresión utilizada.
Aquello que aparece en nuestra memoria, nos ayuda a entender la frase de una manera u otra, en el caso que nos ocupa conduciéndonos al error. Cuando hemos mencionado la palabra tierra, el error desaparece, ¿por qué? Porque está relacionada dicha palabra con el verbo arar, al mencionarla en la frase consigue traer rápidamente a nuestra mente consciente dicho verbo y propicia que interpretemos la frase de la forma correcta desde el principio.
Así que no solamente nuestro entorno influye en nuestros pensamientos sino que además esos pensamientos pueden hacer que entendamos la realidad de una forma o de otra dependiendo de cuales sean. Usamos nuestro conocimiento del mundo para entender la realidad y ese conocimiento lo adquirimos del entorno, aunque sin ser conscientes de ello muchas veces. Y lo aprendemos de una determinada forma, de tal modo que eso hará que nuestra forma de pensar dependerá en parte no solamente de qué aprendimos, sino de la forma en la que lo hicimos. ¿Aprendimos siempre dos hechos de nuestra vida como inseparables sin darnos cuenta por ejemplo? ¿Hemos aprendido a entender determinados aspectos de nuestras vidas con las mismas ideas? ¿Y si a unas situaciones que entendemos siempre con unas ideas les aplicamos otras que corresponden con situaciones muy distintas?
Si utilizamos las ideas de nuestra mente consciente en un momento dado no parece raro que un mismo estímulo nos cause sensaciones e impresiones muy diferentes en función de nuestro aprendizaje previo. ¿Alguna vez has leído un libro y al leerlo por segunda vez todo te pareció diferente? ¿Las cosas del libro tenían un sentido muy distinto de la que tuvieron durante la primera lectura? Tal vez sea porque el lector no era exactamente el mismo la segunda vez, hubo un aprendizaje en medio. El sistema educativo se basa en esto mismo, en lo que Piaget llamaba la zona de desarrollo próximo. Un niño chico no podrá entender la filosofía que hace de la vida un físico teórico. Le falta un largo camino interior de enlazar ideas hasta llegar a sentir y comprender al físico.
Todo lo comentado es lo que lleva también a la gente a encontrar una cara en una roca de marte oa ver platillos volantes en una mancha de una foto,o a tener prejuicio contra el diferente. Es lo que hace que “en ocasiones” la frase “cree el ladrón que todos son de su condición” tenga razón. De cualquier forma, si algo nos caracteriza como especie es nuestra capacidad para el aprendizaje. Estamos a tiempo de aprender.
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Este artículo participa en los Premios Nikola Tesla de divulgación científica y nos lo envía Héctor Mediavilla, licenciado en psicología. Lleva 5 años colaborando como redactor en el blog Psicoteca, y es el creador del blog Museo de la Ciencia

dijous, 2 de febrer del 2012

SOLDADOS DE SEIS PATAS

Excel·lent article sobre com es pot ser tan cabró!! Quina llàstima que als 4 ( ó 4.000) que n'eren responsables no els passi mai res. No us perdeu el pacte de la Unidad 731 amb els ianquis!!


Publicat a Amazings.es

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Soldados de seis patas: los insectos como armas de guerra, terror y tortura:


Creo que una pequeña célula terrorista podría desarrollar fácilmente un arma basada en insectos. Sería mucho más fácil de hacer que un arma nuclear o química. La materia prima está en el patio trasero.


Jeffrey A. Lockwood


El uso de insectos y otros artrópodos como armas de guerra e instrumentos de tortura no es una idea nueva. De hecho, es tan antigua como la propia humanidad. En una reciente revisión en Annual Review of Entomology, Jeffrey A. Lockwood, entomólogo de la Universidad de Wyoming y autor de Six-Legged Soldiers: Using Insects as Weapons of War (Oxford University Press, 2008), da un repaso histórico al uso de insectos en los conflictos humanos como medio para causar hambre, sufrimiento y enfermedades.


Guerra entomológica ninja. En Naruto, el popular manga de Masashi Kishimoto, el clan Aburame usa insectos como arma contra sus adversarios.





A lo largo de la historia se han empleado al menos 12 órdenes de insectos con tres objetivos:


  • En su forma más básica y menos elaborada, los insectos se pueden usar para causar dolor. Los himenópteros (abejas, avispas y hormigas) lo hacen con gran eficacia.


  • Provocar daños en la agricultura mediante la introducción de plagas en los cultivos y el ganado.


  • Vectores de transmisión de enfermedades, ya sea forzando al enemigo a introducirse en determinados hábitats (por ejemplo, pantanos donde hay mosquitos) o liberar a propósito insectos portadores de enfermedades (por ejemplo, pulgas).

La prehistoria

El uso de insectos como armas de guerra data del Paleolítico superior. Lanzar nidos de abejas, avispas u hormigas en cuevas, lugares protegidos o de difícil acceso era un práctico sistema para obligar a salir al enemigo. También se podían usar los compuestos tóxicos que producen algunos insectos para fabricar flechas envenenadas.

Edad Antigua

Las civilizaciones antiguas eran conscientes del potencial de los insectos para provocar dolor y sufrimiento en el enemigo. En el Antiguo Testamento hay algunas referencias a las avispas para deshacerse de los adversarios:



Enviaré avispas delante de ti que ahuyentarán de tu presencia al jivita, al cananeo y al hitita. (Éxodo 23:28)

Yahveh tu Dios enviará incluso avispas contra ellos para destruir a los que hubieren quedado y se te hubieren ocultado a ti. (Deuteronomio 7:20)

Mandé delante de vosotros avispas que expulsaron, antes de que llegarais, a los dos reyes de los amorreos; no fue con tu espada ni con tu arco. (Josué 24:12)



De las diez plagas de Egipto que se mencionan en el Éxodo, al menos a cinco se les ha dado una interpretación entomológica: la tercera (mosquitos o piojos, dependiendo de las interpretaciones), la cuarta (moscas o tábanos), la quinta (cínifes), la sexta (mosca de los establos) y la octava (langostas).



Si te niegas a dejar salir a mi pueblo, mira que mañana traeré langostas sobre tu territorio y cubrirán la superficie del país, de suerte que ni podrá verse el suelo. Devorarán lo que os quedó de la granizada y comerán todos los árboles que os crecen en el campo.» | (Dios amenazando al faraón con la guerra entomológica en Éxodo 10:4-5)

Los mayas y algunas civilizaciones de Oriente Medio empleaban «granadas de abejas» y las colmenas eran un armamento naval bastante común entre los griegos, los romanos, los sirios y los palestinos. Durante el Imperio Romano se empleó un amplio surtido de artrópodos picadores (abejas, avispas, chinches asesinas, escorpiones) como arma ofensiva y también como defensa durante los asedios.

El uso de insectos como instrumentos de tortura también estaba extendido. Los persas idearon un método bastante cruel denominado escafismo y las tribus siberianas se valían de mosquitos y moscas hematófagas para, literalmente, ejecutar a picotazos a los prisioneros.

La falta de higiene en aquellos tiempos convertía a las pulgas, a los piojos y a los mosquitos en los instrumentos perfectos para provocar enfermedades como la peste o la malaria. Los métodos eran variados, desde lanzar cadáveres o animales infectados durante los asedios hasta forzar a los invasores a acampar cerca de pantanos o humedales.

Edad Media y Edad Moderna

En Europa, las abejas se usaron hasta el siglo XVIII para repeler a los invasores durante los asedios. Las colmenas fueron un proyectil habitual de las catapultas entre los años 1000 y 1300 y también se emplearon como armamento naval hasta que las balas de cañón las desplazaron.

En Gran Bretaña, las murallas de los castillos se construían con huecos para albergar colmenas que se convertían en una gran defensa si el castillo era atacado.

Las pulgas continuaron siendo los aliados más socorridos durante los asedios. Las acciones más expeditivas consistían en lanzar animales o cadáveres infectados al interior de las ciudades asediadas. Así lo hicieron los mongoles en 1346 después del intentar sitiar Caffa (Teodosia) durante tres años. Antes de retirarse diezmados por la peste, los mongoles lanzaron los soldados muertos al interior de la ciudad en lo que puede considerarse el prólogo de la peste negra, una de las pandemias más devastadoras que ha sufrido Europa (con permiso de la pandemia de gripe de 1918), responsable de 25 millones de muertes.



Xenopsylla cheopis, más conocida como pulga de la rata oriental y principal vector de transmisión la peste bubónica a través de la bacteria Yersinia pestis. | Fotografía del Museo de Historia Natural de Londres.

Edad Contemporánea

Algunas de las grandes derrotas de Napoleón no fueron provocadas por sus enemigos, sino por enfermedades transmitidas a través de insectos: la peste (pulgas) en su enfrentamiento contra el Imperio Otomano en 1799, la fiebre amarilla (el mosquito Aedes aegypti) durante un intento de sofocar una rebelión en Haití en 1801 y el tifus (piojos) y la disentería (moscas) en su intento de invadir Rusia en 1812.

Dos tercios de las 488.000 bajas durante la Guerra de Secesión (1861-1865) fueron provocadas por enfermedades, siendo las principales responsables la malaria (transmitida por mosquitos) y las enfermedades intestinales (a través de las moscas). La guerra civil estadounidense fue quizá el primer conflicto moderno en el que se emplearon los insectos como arma de guerra con conocimiento de causa. Mientras acusaban a la Unión de haber introducido la chinche arlequín (Murgantia histrionica) desde México para destruir sus cosechas, los confederados explotaban el uso de la malaria como arma táctica.



Chinche arlequín (Murgantia histrionica). | Fotografía de Linda Tanner.

Por otra parte, los nativos americanos usaban hormigas como instrumento de tortura para provocar una muerte lenta y dolorosa (¿quién no ha escuchado alguna vez la truculenta historia de víctimas enterradas hasta el cuello en hormigueros?) y Nasralá Bajadur-kan, emir de Bujará (Uzbekistán) a mediados del siglo XIX, tenía su particular «cámara de los horrores entomológicos» consistente en un foso de siete metros de profundidad tapado con una reja de hierro y lleno de chinches asesinas y garrapatas.

La Primera Guerra Mundial

La Primera Guerra Mundial se suele considerar un conflicto en donde se experimentaron una gran variedad de tácticas y armamentos. La comprensión del papel de los insectos como vectores para la transmisión de enfermedades convirtió a los campos de batalla en un laboratorio a escala continental. Los militares comprendieron que si los piojos ganaban en las trincheras, sus soldados perderían en el campo de batalla ya que el tifus podía cobrarse más vidas que las bombas y las balas. Esta forma de guerra entomológica «pasiva» se usó durante todo el siglo XX y en ella los militares protegían a sus propias tropas mientras provocaban el mayor destrozo posible para favorecer la aparición en el enemigo de enfermedades transmitidas por insectos.

La Segunda Guerra Mundial

De todos los desmanes que provocó Japón durante su ocupación de Manchuria y el sudeste asiático (que aún hoy en día levanta ampollas porque Japón tiende a minimizar su impacto), la infame Unidad 731 se lleva la palma de las atrocidades. Destinada en la ciudad china de Harbin, esta unidad del ejército imperial comandada por Shirō Ishii realizó ensayos de guerra bacteriológica y química con prisioneros de guerra y civiles chinos.

Las actividades de la unidad se cobraron miles de víctimas de peste, cólera y otras enfermedades. Usando primero prisioneros y luego ratas, la Unidad 731 tenía capacidad para producir 45 kilos de pulgas cada tres o cuatro meses y un potencial para generar 500 millones al año. Después de la guerra, tanto Ishii como sus colaboradores pactaron con los norteamericanos no ser juzgados por crímenes de guerra a cambio de los resultados de sus experimentos.

Mientras tanto, en Europa la idea de usar insectos como armas en la guerra ya había sido apuntada por John Burdon Sanderson Haldane, uno de los fundadores de la genética de poblaciones, en 1938 al especular que «no me sorprendería que, por ejemplo, durante el transcurso de una futura guerra, aviones hostiles introdujeran en el país plagas de insectos como la del escarabajo de la patata».

Los franceses fueron los primeros en tratar de convertir a los insectos en armas y desarrollaron métodos para la cría intensiva y liberación del escarabajo de la patata (Leptinotarsa decemlineata), una plaga que había sido introducida accidentalmente en Europa durante la Primera Guerra Mundial.



Leptinotarsa decemlineata, un feroz devorador de las plantas de la patata. | Fotografía de Scott Bauer.

Aunque el resto de los aliados llevaba cierto retraso, no tardaron en ponerse al día. Los estadounidenses se encontraron al principio con dificultades, aunque a partir de 1939 una serie de comités recomendaron investigar si los mosquitos podían transmitir varias enfermedades simultáneamente para usarlos como arma ofensiva. Fort (Camp) Detrick, en Maryland, se convirtió en una de las instalaciones más punteras de la guerra biológica y entomológica.

Por otro lado, los canadienses estudiaron la posibilidad de extender la fiebre amarilla con el mosquito Aedes aegypti y los británicos realizaron estudios preliminares para el uso de moscas como vector para Salmonella y se concentraron en convertir el ántrax en un arma.

Los alemanes tampoco se quedaron atrás y entre 1941 y 1945 estudiaron el potencial de al menos 15 especies de pulgones, escarabajos, chinches, moscas y polillas para destruir cosechas, pastos y árboles. Al final, el escarabajo de la patata se reveló como la especie más apropiada para usarla como arma.

Hay indicios de que los soviéticos usaron la tularemia, una enfermedad transmitida por garrapatas y tábanos, para infectar a miles de soldados alemanes a las afueras de Stalingrado.

Guerra Fría

Fort Detrick desarrolló una gran variedad de patógenos y vectores entre los que se incluían mosquitos infectados con fiebre amarilla, malaria y dengue, moscas portadoras de disentería, cólera y ántrax, pulgas con peste, garrapatas portadoras de tularemia, fiebre reincidente y fiebre de montaña.

Durante esta época es difícil tomar en serio algunas afirmaciones debido al negacionismo de unos y a la propaganda de otros. Por ejemplo, durante la Guerra de Corea, los norcoreanos denunciaron a Estados Unidos ante las Naciones Unidas por haber estado esparciendo por avión insectos portadores de bacterias para propagar enfermedades. Los chinos incluso llegaron a afirmar que los aviones estadounidenses habían soltado moscas, mosquitos, arañas, hormigas, chinches de las camas y pulgas en amplias áreas. Una comisión de seis científicos reunidos por el Consejo Mundial de la Paz, una organización financiada por la Unión Soviética, concluyó después de dos meses de investigación que los Estados Unidos habían estado empleando 14 especies de artrópodos infectados con al menos ocho tipos de organismos patógenos. Evidentemente, los Estados Unidos negaron haber estado investigando el uso de artrópodos para la guerra biológica. Resulta irónico que lo desmintiera el jefe de la División entomológica de Fort Detrick.

Durante la guerra de Vietnam se emplearon tres tácticas de guerra entomológica:


  • Esparcir activa y pasivamente enfermedades transmitidas por insectos.


  • Liberar insectos para destruir cosechas de arroz y árboles frutales, algo que denunciaron los norvietnamitas y que quizá tenga que ver con el uso de defoliantes por parte de Estados Unidos. El uso de herbicidas provocó indirectamente la aparición de enfermedades transmitidas por artrópodos.


  • Ambos bandos usaron artrópodos con aguijón. El Vietcong usó bombas trampa con escorpiones y nidos de avispas contra los soldados de Estados Unidos. En su forma más elaborada, situaban colonias de la abeja gigante (Apis dorsata) con pequeños explosivos en las rutas que seguía el enemigo y los hacían explotar a su paso. Incluso hay informes que sostienen que los norvietnamitas entrenaron abejas para que atacaran a cualquier cosa que llevara un uniforme estadounidense. Por su parte, los Estados Unidos estudiaron el uso de feromonas para marcar objetivos y luego liberar abejas para que los atacaran.

Durante la crisis de los misiles cubanos, los asesores del presidente Kennedy incluyeron la guerra entomológica entre los posibles escenarios. Se sabe que el Cuerpo de Ingenieros del ejército de Estados Unidos había colaborado con el Departamento de Agricultura para estudiar el uso cigarrillas como Perkinsiella vitiensis (que transmite el virus que provoca la enfermedad de Fiji) contra los cultivos de caña de azúcar cubanos. Por su parte, Fidel Castro ha acusado repetidamente a Estados Unidos del uso de plagas agrícolas contra sus cultivos.

Usos modernos

Aunque ya no suponen una amenaza como arma de guerra debido a los avances en higiene, vacunas e insecticidas, los insectos se siguen usando como instrumentos de tortura y se teme que puedan ser empleados como arma terrorista, ya sea para transmitir enfermedades o como plagas agrícolas y del ganado.



Aunque no parece estar asociada a la transmisión de ninguna enfermedad, la irritación de la piel que provoca la chinche de las camas (Cimex lectularius) no la convierte precisamente en el mejor compañero de cama. | Fotografía de Piotr Naskrecki.

Por ejemplo, en la primera mitad del siglo XX los soviéticos usaban chinches de las camas como instrumentos de tortura física y psicológica en los gulags. En China, los seguidores de la secta Falun Gong han denunciado que eran desnudados y maniatados a postes en lugares con grandes densidades de mosquitos y también se ha dado el caso del uso de insectos por parte de los estadounidenses como tortura psicológica contra los hijos de Khalid Shaikh Mohammed, el principal organizador de los atentados del 11 de septiembre.

Para el que se haya quedado con ganas de saber más (y le queden ánimos para hacerlo), el propio Jeffrey A. Lockwood habla sobre el tema del que lleva 25 años investigando:


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Referencias

ResearchBlogging.orgLockwood, J. (2012). Insects as Weapons of War, Terror, and Torture Annual Review of Entomology, 57 (1), 205-227 DOI: 10.1146/annurev-ento-120710-100618

Terrorists could use ‘insect-based’ biological weapon. Stephen Adams. Daily Telegraph, 5 de enero de 2009.

dijous, 12 de maig del 2011

LES MEMÒRIES D'EN JAUMET


Les memòries d'En Jaumet és un conte breu que vaig escriure farà un parell d'anys per intentar explicar alguns dels problemes que se'ns presenta als professionals assistencials amb la Història clínica. El publico aquí:
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-Prenguis  això i torni a veure’m en quinze dies.

En Jaumet es va llevar de la cadira, va saludar al metge, el Dr. Malagelada, i se’n va anar del despatx amb la recepta. El metge li havia dit que el refredat que tenia havia empitjorat el seu asma i ara caminava cap a la farmàcia a comprar els medicaments.
Feia temps, més de la meitat dels seus 35 anys, que a En Jaumet li havien dit que tenia asma. Des de llavors havia anat trampejant amb els medicaments, les vacunes i les visites als metges privats que, bé o malament, li havien recomanat. Un parell de vegades havia sofert unes crisis d’ofec important i, encara ara, quan hi pensava, notava una suor freda al clatell i un principi de tremolor. Sabia molt bé que volia dir això.

Era neguit.

Tot i que havia buscat per Internet i a les biblioteques qualsevol informació sobre l’asma no veia clar què tenia. També havia preguntat als metges i, tot i que li havien contestat, no estava segur d’entendre-ho.

Va comprar els medicaments i va tornar cap a casa. Quan hi va arribar se’ls va prendre i, preocupat encara, va anar al seu arxivador. Allà va trobar els dos informes que el seu metge li va fer quan ell els va demanar. En un mateix paper de receptes, el metge explicava que tenia asma i que precisava de fer medicació constant.

Res més.

- Doncs continuo sense entendre-ho –va pensar-  ara me’n recordo de tot el que m’ha passat, però d’aquí uns anys...
Com sempre que no hi veia cap sortida, va decidir canviar de pensament. Els medicaments començaven a fer el seu efecte i es trobava millor. Va decidir sortir a donar un tomb.
Al poc de caminar es va veure reflectit al vidre del aparador d’una llibreria.
- Mira! El llibre de memòries d’aquell polític que tant anuncien per la televisió i la radio.
Va entrar a la llibreria i després de follejar el llibre se’l va comprar. En sortir es va dirigir cap a un cafè, i va demanar un te. Al cap de poca estona, mentre llegia el llibre, va sentir un xiulet dins del pit.
- Ja hi tornem a ser –va pensar buscant els inhaladors- deu ser el fum del tabac que hi ha aquí dins.
Va pagar i va marxar cap a casa.
Allà, sense fum i amb l’efecte dels inhaladors es va trobar millor. Va continuar llegint fins que, al cap d’una estona, una idea s’anava configurant a la seva ment.
- M’agradaria poder recordar tots els aspectes de la meva malaltia, de la mateixa manera que aquest polític recorda els seus fets i aventures.
Va mirar la contraportada i va veure que, tot i que les memòries eren les del polític, la redacció l’havia fet una altra persona: l’autor del llibre, la qual havia treballat amb el polític per recopilar els seus records.
- Però una cosa es recordar aspectes concrets de la teva vida i una altra els aspectes tècnics, per exemple: podré recordar que m’ofego si hi ha fum a l’aire, però no perquè em canvien de medicació o em fan tal o qual prova.
Va tornar a mirar la contraportada del llibre i ho va veure clar de cop.
- Necessito algú que em recopili les dades tècniques i que me les escrigui, –va concloure- després ja ho complementaré amb els meus records. Millor encara! Començaré a escriure les meves memòries ara. No quan sigui vell. Faré una mena de diari amb dos tipus de dades: les tècniques i les vivències. Però qui em facilitarà les dades tècniques?
Va deixar el llibre i se’n va anar a l’ordinador. Quan va estar llest va buscar informació. Després de donar-hi moltes voltes va extreure aquestes dades:
Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica.

Artículo 5. Titular del derecho a la información asistencial.
1. El titular del derecho a la información es el paciente. También serán informadas las personas vinculadas a él, por razones familiares o de hecho, en la medida que el paciente lo permita de manera expresa o tácita.
Artículo 14. Definición y archivo de la historia clínica.
1. La historia clínica comprende el conjunto de los documentos relativos a los procesos asistenciales de cada paciente, con la identificación de los médicos y de los demás profesionales que han intervenido en ellos, con objeto de obtener la máxima integración posible de la documentación clínica de cada paciente, al menos, en el ámbito de cada centro.
2. Cada centro archivará las historias clínicas de sus pacientes, cualquiera que sea el soporte papel, audiovisual, informático o de otro tipo en el que consten, de manera que queden garantizadas su seguridad, su correcta conservación y la recuperación de la información.
3. Las Administraciones sanitarias establecerán los mecanismos que garanticen la autenticidad del contenido de la historia clínica y de los cambios operados en ella, así como la posibilidad de su reproducción futura.
4. Las Comunidades Autónomas aprobarán las disposiciones necesarias para que los centros sanitarios puedan adoptar las medidas técnicas y organizativas adecuadas para archivar y proteger las historias clínicas y evitar su destrucción o su pérdida accidental.
Artículo 15. Contenido de la historia clínica de cada paciente.
1. La historia clínica incorporará la información que se considere trascendental para el conocimiento veraz y actualizado del estado de salud del paciente. Todo paciente o usuario tiene derecho a que quede constancia, por escrito o en el soporte técnico más adecuado, de la información obtenida en todos sus procesos asistenciales, realizados por el servicio de salud tanto en el ámbito de atención primaria como de atención especializada.
2. La historia clínica tendrá como fin principal facilitar la asistencia sanitaria, dejando constancia de todos aquellos datos que, bajo criterio médico, permitan el conocimiento veraz y actualizado del estado de salud. El contenido mínimo de la historia clínica será el siguiente:
a. La documentación relativa a la hoja clínico estadística.
b. La autorización de ingreso.
c. El informe de urgencia.
d. La anamnesis y la exploración física.
e. La evolución.
f. Las órdenes médicas.
g. La hoja de interconsulta.
h. Los informes de exploraciones complementarias.
i. El consentimiento informado.
j. El informe de anestesia.
k. El informe de quirófano o de registro del parto.
l. El informe de anatomía patológica.
m. La evolución y planificación de cuidados de enfermería.
n. La aplicación terapéutica de enfermería.
ñ. El gráfico de constantes.
o. El informe clínico de alta.

Los párrafos b, c, i, j, k, l, ñ y o sólo serán exigibles en la cumplimentación de la historia clínica cuando se trate de procesos de hospitalización o así se disponga.
3. La cumplimentación de la historia clínica, en los aspectos relacionados con la asistencia directa al paciente, será responsabilidad de los profesionales que intervengan en ella.
4. La historia clínica se llevará con criterios de unidad y de integración, en cada institución asistencial como mínimo, para facilitar el mejor y más oportuno conocimiento por los facultativos de los datos de un determinado paciente en cada proceso asistencial.
Artículo 16. Usos de la historia clínica.
1. La historia clínica es un instrumento destinado fundamentalmente a garantizar una asistencia adecuada al paciente. Los profesionales asistenciales del centro que realizan el diagnóstico o el tratamiento del paciente tienen acceso a la historia clínica de éste como instrumento fundamental para su adecuada asistencia.
Artículo 18. Derechos de acceso a la historia clínica.
1. El paciente tiene el derecho de acceso, con las reservas señaladas en el apartado 3 de este artículo, a la documentación de la historia clínica y a obtener copia de los datos que figuran en ella. Los centros sanitarios regularán el procedimiento que garantice la observancia de estos derechos.
2. El derecho de acceso del paciente a la historia clínica puede ejercerse también por representación debidamente acreditada.
3. El derecho al acceso del paciente a la documentación de la historia clínica no puede ejercitarse en perjuicio del derecho de terceras personas a la confidencialidad de los datos que constan en ella recogidos en interés terapéutico del paciente, ni en perjuicio del derecho de los profesionales participantes en su elaboración, los cuales pueden oponer al derecho de acceso la reserva de sus anotaciones subjetivas.

I, de cop i volta, ho va veure clar. La part tècnica del seu diari i, posteriorment, les seves memòries seria la seva història clínica i les persones que l’escriurien serien “los médicos y de los demás profesionales que han intervenido en ellos”, ja que “La cumplimentación de la historia clínica, en los aspectos relacionados con la asistencia directa al paciente, será responsabilidad de los profesionales que intervengan en ella.”
- Però al meu metge ja li he demanat dues vegades un informe escrit i m’ha donat un telegrama escrit en un paper de recepta. Amb això no faig res. I si canvio de metge?
Va estar una bona estona donant-li voltes i, al final va decidir que no sols canviaria de metge sinó també de forma.
Aniria a l’Hospital!
Dit i fet! Va sortir i es dirigir al Hospital que li pertocava. Quan va entrar es va informar i es va adreçar al taulell on deia: “Admissions”.
- Bona dia –va dir- voldria una visita per l’especialista de l’asma.
- Havia estat abans a la consulta externa?
- No, però he vingut dues vegades d’Urgències.
- Nom?
Cinc minuts més tard tenia un paper a la ma que deia que, en poques setmanes, hauria de passar per la consulta nº 13.
- Em faran una història clínica on aniran escrivint tot el que em vagi passant. Només cal que, de tant en tant, em facilitin una còpia i ja tindré el informe tècnic que em cal.
Quan va tornar a casa, va trucar al seu metge i, tot agraint-li el seu servei li va dir que, a partir d’ara es visitaria a l’Hospital.
- Pensi, Jaumet, -li va dir el metge- que està pendent d’una revisió de la medicació en quinze dies.
- No pateixi, doctor, ja la faré a l’Hospital.
- Bé, doncs, que vagi bé.
- Adéu siau i gràcies per tot.
Però En Jaumet no li va dir que la visita amb l’especialista la tenia dos mesos més tard.


Cinc setmanes després, quan encara en faltaven tres per la visita al metge, En Jaumet es va trobar malament, tot de sobte, una nit. Es va despertar amb sensació d’ofec i xiulets. No podia estar estirat i es va tenir que llevar. Ja portava un parell de dies refredat, però no havia tingut ofec. Amb dificultat va anar a la farmaciola i va treure els inhaladors. Assegut a una cadira amb les mans a la taula va esperar la millora.
- Sembla que no acaben de fer-me efecte, els inhaladors. Me’n posaré un altra dosi.
Però la millora esperada no apareixia, ans al contrari semblava que l’ofec era cada cop més fort.
- Me’n vaig a l’Hospital, d’Urgències.
Un veí, amb el qual tenia una forta amistat, el va ajudar a arribar a l’Hospital. A Urgències el van agafar ràpidament, li van fer proves i li van posar un tractament que, en poca estona, va fer el seu efecte i es va trobar millor. Però el xiulets no van desaparèixer del tot.
- Les proves que li hem fet, Jaumet, i l’evolució del tractament confirmen que cal que estigui ingressat a planta uns dies fins a la recuperació complerta –va dir-li el metge d’Urgències.
- Molt bé. Moltes gràcies!. De fet tinc hora amb l’especialista del pulmó d’aquí a tres setmanes.
- Ah sí? Doncs no hi ha res a la Història Clínica.
- És que és la primera visita.
- És clar! Així s’explica. Bé, doncs, vaig a preparar-li l’ ingrés.
- D’això... Doctor, això vol dir que està escrivint la meva historia clínica?
- Naturalment, Jaumet, Hi escrivim tot el que li fem i com va evolucionant.
En Jaumet estava satisfet. No solament perquè havia millorat, sinó perquè els redactors de la seva història clínica ja s’havien posat a la feina.

Quatre dies més tard li van dir que ja se’n podia anar cap a casa.
- I no oblidi la visita que té amb l’especialista d’aquí uns dies.
- I ara! No pateixi.
- Miri –va dir el metge, lliurant-li unes receptes oficials- això és el que té que prendre fins llavors. Haurà de passar per Admissions a signar l’alta i li donaran l’informe d’alta. Recordi de portar-lo per què l’especialista el vegi.
- Faltaria més, doctor!
Fabulós!, Sense xiulets i amb l’informe d’alta!
Va anar a Admissions i mentre feia cua no va poder obviar sentir la conversa de la persona d’edat que tenia davant seu amb l’empleada, una persona jove amb un embaràs que prou avançat.
- Així, senyoreta, què haig de fer amb aquest paper?
- L’ha de donar al seu metge, així sabrà què li han fet mentre estava ingressada, iaia.
- Gràcies, maca!
- És curiós –va pensar En Jaumet- això de dir senyoreta per norma a qualsevol noia que t’atengui. Però si està a punt de parir!
- El següent!
- Bon dia, d’això... –com li dic?- senyora, m’han donat d’alta i... –li va lliurar la tarja identificativa.
- Tingui, els informes d’alta. –li va donar un sobre- Recordi que és pel seu metge.
- Sí, sí, és clar!
Per fi tenia un informe assistencial. L’escanejaria i el reservaria en una carpeta de l’ordinador. A final d’any, quan tingués una còpia de la seva història clínica ho posaria al seu diari personal.
No trobava la manera d’arribar a casa i veure què hi havia a l’informe.
Acomodat al sofà de casa va obrir el sobre. Hi havia dues fulles separades. En va agafar una sense mirar-s’ho gaire i va llegir.
Informe d’alta mèdica....
Hi havia el seu nom i dades personals, les dades d’un metge, i, al cos de la carta, una sèrie de capítols: antecedents, motiu de l’ ingrés, exploracions, etc. Acabava amb una sèrie de recomanacions.
Va mirar la carta satisfet tot pensant com ho faria per arxivar-la de tal manera que després les podés trobar fàcilment. Va recordar que hi havia un altre full. El va agafar i el va obrir.
Informe d’alta d’infermeria....
Les dades pròpies eren les mateixes hi havia les dades de dues infermeres i al cos de la carta una descripció, també capitulada. També hi havia antecedents, motiu de l’ ingrés i una sèrie de necessitats. També acabava amb una sèrie de recomanacions.
Però...
Va agafar l’altre informe i va comparar els antecedents. No eren els mateixos, o al menys no eren exactes. El mateix es podia de les recomanacions. Es va obligar a mirar les dades personals, no fos que hi hagués un error. No! Els seu nom hi era a ambdós fulls.
- No ho entenc. Tinc dos fulls d’alta? I no concorden? Com pot ser? Quin és el que val? I perquè dos, si només sóc jo sol i només he fet un ingrés?
Va deixar les cartes i va anar a l’ordinador. Un cop obert va recuperar la llei que havia estudiat setmanes abans.
- A veure que hi diu?

Artículo 20. Informe de alta.
Todo paciente, familiar o persona vinculada a él, en su caso, tendrá el derecho a recibir del centro o servicio sanitario, una vez finalizado el proceso asistencial, un informe de alta con los contenidos mínimos que determina elartículo 3. Las características, requisitos y condiciones de los informes de alta se determinarán reglamentariamente por las Administraciones sanitarias autonómicas.
Artículo 3. Las definiciones legales.
A efectos de esta Ley se entiende por:
· ...
· Informe de alta médica: el documento emitido por el médico responsable en un centro sanitario al finalizar cada proceso asistencial de un paciente, que especifica los datos de éste, un resumen de su historial clínico, la actividad asistencial prestada, el diagnóstico y las recomendaciones terapéuticas.

- O sia que el que val és el primer, el que ha escrit el metge. Però la informació que aporta la infermera complementa la del metge. Sembla que un sense l’altra no estan prou complets. I, què passa amb les contradiccions? Deu ser que, amb les preses hi ha errors. Deu ser això. Segur que és això!
Va guardar els informes en un arxiu i va obrir una base de dades a l’ordinador on en va registrar la entrada dels documents.
Estava cansat. Va sopar una mica i se’n va anar a dormir.

Al dia següent va anar a fer un passeig i va reflexionar sobre el tema. Ara, descansat, no veia tant clar.
- És igual. No té més importància –va pensar.
Sense saber massa bé cóm es va veure un altre cop a l’aparador de la llibreria on havia comprat les memòries d’aquell polític. D’allà estant va veure que anunciaven una nova edició d’un antic llibre que va ser èxit de vendes fa molts anys: ¿Arde París? Recordava que el seu pare el tenia a la biblioteca, però no l’havia llegit mai, de gruixut que era. Li va fer gràcia i va entrar-hi. Ara, que tenia temps el llegiria.
Quan va sortir va desembolicar el paquet i va mirar el llibre, assegut a un banc. Tenia dos autors: Dominique Lapierre i Larry Collins.
- Mira! Dos autors. No és massa freqüent.
Va follejar el llibre i va resultar que tenia l’estructura clàssica del les novel·les: un seguit de capítols. No va detectar res que indiqués que els autors eres dos.
Immediatament va recordar els informes d’alta de l’Hospital.
- Si la història clínica és meva i està escrita per diversos professionals sanitaris, com és que cadascun em fa un informe diferent? És que cada autor ha de fer la seva part del llibre de manera independent? Si és així serien dos llibres separats i independents; o, el que és el mateix: dues històries clíniques independents. Si no és així hauria d’haver un sol informe d’alta on hi hagués la informació dels dos autors, com ara el llibre que tinc a les mans. Continuo sense entendre-ho.

Uns quinze dies més tard va tornar a l’Hospital, a la consulta del pneumòleg. Va arribar deu minuts abans de l’hora i va asseure’s a la sala d’espera que li van indicar. Dos minuts abans de l’hora va sortir una infermera i el va cridar pel nom. Es va llevar i va entrar al consultori.
- Segui, Jaumet.
- Gràcies.
- Què li passa?
- És que tinc asma i voldria que em visités, doctora.
- No, Jaumet, no! Jo sóc la infermera. Ja sé que té asma, he vist la història clínica d’infermeria de la planta. Li haig de fer unes proves abans de que el vegi el doctor. Fa molt que té l’asma?
- Ja fa molts anys... –la infermera era una dona madura que semblava molt competent.
- Serà “senyoreta”, també? –va somriure.
La infermera li va fer una sèrie inacabable de preguntes, el va fer bufar per un aparell i algunes proves més. En acabar li va dir que s’esperés una estona a fora i que tot seguit el visitaria el metge.
Va tenir que esperar 10 minuts més i una altra infermera, més joveneta, el va cridar per una porta diferent. Va entrar i es va trobar amb un metge que el saludava.
- Bon dia Jaumet, com es troba?
- Millor, gràcies. Vaig estar ingressat fa unes tres setmanes...
- Sí ja he consultat la història clínica de medicina interna. –va interrompre el metge- Li han anat bé els medicaments que ha pres?
- Sembla que sí.
- A veure, des de quan té asma?

Al migdia estava de nou a casa amb el llibre i dos papers: un del metge i un altre de la infermera. Se sentia confós.
- No entenc res. Cadascun ha consultat la “seva” història clínica. Tots dos m’ha preguntat des de quan tenia asma. Crec recordar que aquesta pregunta ja me la van fer quan vaig ingressar. Què no ho van apuntar?
Per un moment va a tornar a sentir el neguit. Al marge de l’assistència sanitària que li poguessin donar a l’Hospital, ell volia que li escriguessin les seves memòries tècniques. Si no apunten les coses quin tipus de diari tècnic tindria? I si les apunten, perquè fan sempre les mateixes preguntes. I a més, que no es parlen entre ells?
A la televisió la majoria dels anuncis eren de joguines i de perfums. S’acostaven els Nadals i el canvi d’any. Com que no tenia cap més visita programada fins al febrer de l’any següent i havia decidit fer una recopilació anual de la història clínica va pensar que no hi havia cap motiu per no demanar-la ara mateix.
Va consultar la web d l’Hospital per veure com s’havia de fer.
Cap informació.
Va trucar per telèfon.
- Ha d’anar a arxius i l’informaran.
Al dia següent, a primera hora, es presentava a l’Hospital. Li van indicar on eren els arxius. I cop allí va demanar una còpia de la seva Història Clínica.
- Cap problema. Cal emplenar aquest formulari i d’aquí uns dies li donarem aquí mateix.
- Tampoc ha estat gaire difícil –va pensar quan tornava cap a casa.

Els següents dies van passar lentament. Va estar pensant com aprofitaria la informació que li donarien i com encaixaria això amb el diari, preludi de les seves memòries, que estava escrivint. Va decidir que escanejaria el que li donessin per tal de no interpretar res i conservar l’estructura original. Faria com el polític, es limitaria a dictar i els autors farien el llibre.

Poc abans de Nadal va tornar a arxius amb el resguard que li van donar. Immediatament li van donar un sobre gran amb papers. Al sobre es podia llegir el seu nom i una sèrie de dades. Agraint la feina se’n va tornar cap a casa.
Quan va obrir el sobre va veure que hi havia varis fulls. Va reconèixer el informe d’alta que li havia fer el metge durant l’ ingrés i d’altres fulls. Tots escrits per un metge o un altre. Proves de laboratori, informes de radiografies, notes d’urgències.
Va intentar ordenar-ho d’una forma coherent i, quan va quedar satisfet, va escanejar els fulls i els va guardar.
Però...hi havia quelcom que l’amoïnava.
Va tardar en adonar-se.
- Quan em van donar d’alta em van donar dos informes d’alta. Quan vaig anar a visitar-me la infermera va dir que havia consultat la història clínica d’infermeria de la planta. Aquí no hi ha res que estigui escrit per les infermeres. Així, doncs, falta informació.
Va tornar a departament d’arxius de l’Hospital i va demanar el què volia. La persona que el va atendre li va dir que la història clínica d’infermeria tenia un format diferent a la dels metges.
- I què? Jo vull la meva història clínica. –va dir tot recalcant la paraula “meva”
- Es que no li podem donar. Són tot dades d’una base de dades.
- Bé. Doncs donin-me aquest dades.
- És que aquí no les tenim.
- On són?
- A Sistemes d’Informació.
- I on m’haig de dirigir?
- No atenen als usuaris –li va donar una adreça.
Es va dirigir a Sistemes d’Informació. Allò no s’assemblava res a un Hospital. Eren unes oficines. Quan va explicar el què volia li van dir que la informació que extreien de les bases de dades anava adreçada als professionals.
- I a quin professional m’haig de dirigir, llavors?
- Vol les dades d’infermeria?
- No!. Vull les meves dades.
- Però és que una cosa és la història dels metges i una altra la de les infermeres.
En Jaumet començava a sentir xiulets.
- Com ho haig de fer per parlar amb el director de l’Hospital?
- Vol parlar amb el Director Mèdic o d’Infermeria?
Va buscar per les butxaques els inhaladors.


Al dia següents va anar a veure al Director d’Atenció al Usuari i li va exposar el tema.
- Miri. He demanat una còpia de la meva història clínica i m’ha donat això –va dir-li lliurant-li els documents- , falta el que m’han escrit les infermeres. Però m’ha dit que les infermeres no escriuen gairebé res, sinó que registren dades i que aquestes dades no me les poden donar. Només tinc l’informe d’alta que em va fer la infermera de la planta, però no les anotacions que van fer les infermeres durant l’ ingrés. Què haig de fer per aconseguir-les?
- És que, Jaumet, com molt bé diu les infermeres registren una sèrie de dades.
- Doncs és que vull.
- Però és que no acostumem a extreure dades de cada malalt. Les consultem a la pantalla de l’ordinador si cal, però no extraiem informes de cada malalt.
- Llavors perquè registren les dades? –en Jaumet estava sorprès.
- Per què després Infermeria treu llistat de malalts amb característiques similars.
- I perquè serveix això?
- Així Infermeria sap quans malalts han tingut al torn de mati amb asma, per exemple. O quans malalt tenen el peak flow alterat cada mes.
- Molt bé, però jo vull saber les meves dades.
- ...

Al final el Director li va dir que li enviarien a casa les seves dades d’Infermeria.
Una setmana més tard tenia un avis de correus. A la oficina li van donar un sobre que ja li era familiar. No va espera a arribar a casa. Allà mateix va obrir-lo.
- Què és això?
Hi havia unes taules amb dades de temperatura, tensió arterial; captures de pantalla d’un formularis complicats i mig emplenats.
- Bé, almenys tinc les dades –va sospirar.
Però quan va voler encaixar aquestes taules amb la resta de la història clínica que tenia no va saber-ho fer. Faltaven peces al trencaclosques.


Pocs dies més tard va tornar a veure al Director d’Atenció a l’Usuari.
- No hi ha manera de lligar una cosa amb l’altre. Els metges escriuen, més o menys, cada dia uns comentaris i les infermeres registren dades, i no totes. Com és això?
- És que la història clínica de medicina es diferent de la de infermeria i...
- Perdoni –el va interrompre En Jaumet- però jo em pensava que la història clínica devia ser única.
- I ho és.
- Doncs no ho entenc. Que no em diu que n’hi ha una de medicina i que és diferent a la d’infermeria?
- Sí, però només hi ha una història, amb un sol número d’identificació.
- I de qui és aquesta història?
- Del malalt, es a dir, seva Jaumet, pel que fa a les dades que s’hi escriuen. I la custodiem nosaltres a l’Hospital.
- Que em pren el pèl? Que no m’acaba de dir que és de “medicina” i d’”infermeria”?
- És una forma de parlar.
- Miri, potser és una forma de parlar, però també potser caldria canviar aquesta forma de parlar. Perquè jo penso que és un autèntic sentiment de propietat. Segons la llei, la història clínica, bé la informació que emmagatzema, és meva i me l’escriuen una sèrie de professionals. El conjunt de tots aquest escrits és la “meva” història clínica i és a mi a qui ha de servir. Si alguns d’aquest professionals vol ajuntar varis malalts per a fer estudis o per qualsevol altre motiu, no hi tinc cap inconvenient, sempre que l’objectiu primari estigui cobert. A més els diversos professionals no es comuniquen entre ells ni un es digna llegir els que els altres escriuen. Sap la quantitat de temps que es perd amb això? I la descoordinació que hi ha? Ha vist que els informes d’alta aporten informació incongruent? No em digui que és una forma de parlar. És una forma de pensar! I és totalment il·lògica i en contra dels dret de l’usuari. Dels meus drets! Tingui! Li regalo!
Va aixecar-se de la cadira, li va deixar el llibre ¿Arde París? Sobre la taula del Director i se’n va anar tot pensant amb el Dr. Malagelada.

dimecres, 24 de novembre del 2010

EL EXTRAÑO CASO DEL ASESINO QUE LEÍA LIBROS DE FÍSICA NUCLEAR


Extraordinaria explicación de un crimen casi perfecto.
de Ondasolitaria el 24/11/10

Pronunciar palabras como radiación o radiactividad infunde terror en la mayoría de las personas con una escasa preparación científica. El miedo cerval ante lo desconocido, ante la amenaza invisible que nos puede llegar a afectar sin que seamos plenamente conscientes de ella, se encuentra arraigado en lo más profundo de nuestras emociones humanas. Imágenes como las de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki durante la Segunda Guerra Mundial o las de  accidentes en centrales nucleares  como
forman parte de la iconografía asociada para siempre a la energía nuclear.
De hecho, en los últimos 15 años, la
ha confirmado más de1100 incidentes relacionados con el tráfico ilícito de materiales radiactivos. De ellos, casi 300 tenían que ver con la posesión no autorizada y/o estaban dedicados a actividades criminales, de una u otra forma.


Se cumple estos días el cuarto aniversario de la muerte de Alexandr Litvinenko
, el exagente ruso que saltó a las páginas de todos los grandes diarios en noviembre de 2006. Litvinenko había nacido en la ciudad rusa de Voronezh 43 años atrás. Su trabajo estaba relacionado con la investigación del crimen organizado, con la mafia rusa. No cabe duda, a la vista de lo que posteriormente le sucedería, que se granjeó a buen seguro no pocos enemigos.
Se piensa que Litvinenko estaba relacionado con la muerte de la periodista
, asesinada en octubre de 2006. Politkóvskaya era conocida por sus críticas con la postura del Kremlin en relación con la guerra en Chechnya.
Perseguido en su país de origen por sus opiniones y declaraciones contra agentes del FSB (Federal Security Service) en relación con su presunta implicación en el entrenamiento del número 2 de Al-Qaeda, Ayman Al-Zawahiri durante los años previos a los ataques del 11-S y también por la publicación de un polémico libro, acabaría solicitando asilo político en el reino Unido en el año 2000.
El 1 de noviembre de 2006, Alexandr Litvinenko se reunió en el Pine Bar del hotel Millennium, en Londres, con varias personas. Pidió un té, acercó la taza a sus labios y sorbió un trago, solamente uno. Acababa de firmar su sentencia de muerte. A partir de aquel mismo momento, experimentaría una agonía que se prolongaría durante tres interminables semanas. Falleció en un hospital londinense el 23 de noviembre de 2006.
A los 14 días de su ingreso, los médicos que le atendían aún estaban convencidos de que sufría los efectos de un extraño virus estomacal. Se barajaron varias hipótesis. Entre ellas, la de que se trataba de un envenenamiento con
. El isótopo 201 del talio, administrado en grandes cantidades, resulta tóxico, incluso en su estado no radiactivo (es empleado en medicina como trazador radiactivo en el estudio del miocardio). Unas pocas horas previas al fallecimiento de Litvinenko, una radiografía reveló la presencia de tres objetos con forma circular en su estómago. Probablemente se trataba de cápsulas de “azul de Prusia
“, el tratamiento que se le había administrado contra el envenenamiento por talio. Los médicos le habían dado un 50% de posibilidades de sobrevivir al cabo de 3-4 semanas después del envenenamiento.
Tras su muerte y posterior autopsia se reveló que la sustancia asesina era casi con total probabilidad el isótopo 210 del
, uno de los elementos radiactivos descubiertos por Pierre y Marie Curie. La investigación policial halló rastros de polonio-210 en la casa de Litvinenko, en Muswell Hill; también en el hotel Millennium de Grosvenor Square donde había ingerido el veneno en la taza de té y en un restaurante de sushi en el que se había reunido con el controvertido abogado italiano Mario Scaramella
.

Imagen | Fuente

Derek Conlon, el pianista del bar donde fue envenenado Litvinenko, bebió de la misma taza tan sólo una hora más tarde. Incluso después de pasar por el lavavajillas, la taza contenía restos suficientes de polonio-210 como para que Conlon recibiera la tercera dosis más importante de todas los individuos que fueron expuestos, hasta 1500, y de los cuales 17 resultaron contaminados. Fueron necesarias más de 400 personas para seguir el rastro dejado por la sustancia radiactiva que terminaría acabando con la vida de Alexandr Litvinenko.
La
es el fenómeno por el que los núcleos atómicos se desintegran, emitiendo otras partículas o simplemente radiación. Si estas emisiones tienen la energía suficiente como para extraer los electrones de los átomos con los que se encuentren en su camino, entonces reciben el nombre deradiaciones ionizantes
. Aunque existen varias clases diferentes de radiaciones ionizantes, las tres más comunes reciben el nombre de partículas alfa
. La primera consiste en núcleos atómicos del elemento helio (formados por dos protones y dos neutrones), la segunda corresponde a electrones ( o sus antipartículas, los positrones) propiamente dichos y la tercera son fotones de alta frecuencia (mayor que la correspondiente a los rayos X). Distintos núcleos de elementos radiactivos emiten distintas clases de radiaciones ionizantes.
En concreto, el polonio-210 (el 210 hace alusión al número total de protones y neutrones presentes en el núcleo atómico) es un emisor de partículas alfa (aunque también puede emitir débilmente radiación gamma). Se puede encontrar polonio-210 en el humo de los cigarrillos, en el agua potable y en los alimentos (tranquilos, únicamente en cantidades ínfimas), así como subproducto de la desintegración del
gaseoso.
Todas las radiaciones ionizantes pueden caracterizarse por su poder característico de penetración. Así, las partículas alfa son tan pesadas que tan sólo son capaces de atravesar a duras penas una hoja de papel antes de ser detenidas. Los electrones de los rayos beta, al ser mucho más ligeros, pueden atravesar el papel, pero son detenidos por una fina lámina de metal. En cambio, la radiación gamma no tiene muchas dificultades para atravesar varios centímetros de hormigón.

Imagen | Fuente

¿Qué consecuencias tienen las afirmaciones del párrafo anterior con respecto al veneno que le fue suministrado a Litvinenko? Pues sencillamente que, al igual que todos los demás emisores de partículas alfa, el polonio-210 se muestra prácticamente inofensivo para un cuerpo humano cuando éste es expuesto a una fuente radiactiva externa, siendo la propia piel la que hace de barrera infranqueable.
Por el contrario, los efectos resultan aterradores cuando el polonio es ingerido o inhalado y opera desde el interior del cuerpo humano, donde puede afectar de forma indiscriminada a las células de órganos vitales como los pulmones, hígado o riñones y también a la sangre o la médula ósea. No menos decisivo, en lo que respecta a los potenciales daños provocados por la ingestión o inhalación, resulta el estado químico (en forma de nitrato, por ejemplo) o físico (el tamaño concreto de las partículas), ya que dependiendo del mismo la sustancia puede ser exhalada (en caso de que dichas partículas sean relativamente grandes) o puede terminar en los pulmones, incorporándose así al torrente sanguíneo (cuando, por contra, el tamaño es suficientemente pequeño).
En el caso de Alexandr Litvinenko, nunca llegó a averiguarse la cantidad exacta de polonio-210 que le fue administrada, aunque como veremos dentro de un momento este factor no se torna decisivo en absoluto. Lo que sí hay que tener en cuenta es que las partículas alfa tienen la capacidad de poder resultar, cuando se trata de pequeñas dosis, hasta 20 veces más dañinas que otras radiaciones ionizantes, como los rayos beta, los X o los gamma. En cambio, a dosis  elevadas, el daño es similar.
Una forma de evaluar el perjuicio o daño causado al cuerpo de una persona por la radiactividad de un núclido consiste en cuantificar la dosis recibida y expresarla en una unidad denominada “rem“. Una dosis de 100 rem (también llamada 1 Gy, de la palabra inglesa Gray) no tiene prácticamente efectos sobre el organismo y suele pasar desapercibida. A partir de 200 rem (2 Gy) la persona caerá enferma casi con total seguridad. Esta dolencia recibe el nombre de radiotoxemia o envenenamiento por radiación. Suele ir acompañada de náuseas, vómitos, diarreas, caída del pelo, etc.
Cuando la dosis supera los 300-400 rem (3-4 Gy) la probabilidad de que acabe en muerte del sujeto alcanza el 50% (esta cantidad recibe el nombre de LD50). Aunque todo esto parece sencillo, la verdad es que no resulta tan evidente. En efecto, las dosis anteriores dependen de la forma en que sean adquiridas. Así, únicamente son válidos los valores proporcionados cuando se reciben en una única dosis. Sin embargo, un individuo puede soportar dosis de hasta 80 Gy (8000 rem) siempre que se administren éstas de forma gradual, a lo largo de varios días. Por ejemplo, en radioterapia pueden llegar a exponerse a los enfermos a dosis diarias de 1-2 Gy durante semanas.
Algunos parámetros básicos útiles a la hora de caracterizar la naturaleza radiactiva de una sustancia son la actividad, que representa el número de desintegraciones por unidad de tiempo (la velocidad a la que se desintegran los núcleos) y cuyo valor se expresa en una unidad denominada “becquerel” (en honor de Henri Becquerel, el descubridor de la radiactividad).
Un becquerel (abreviado Bq) equivale a una desintegración por segundo. La actividad específica es la actividad por unidad de masa y mide lo activa que es una determinada cantidad de sustancia radiactiva. Finalmente, la
de la sustancia es el tiempo que tarda ésta en desintegrarse hasta reducir el número de sus átomos a la mitad.
En cada desintegración de un átomo de polonio-210 se produce una partícula alfa, al mismo tiempo que el núcleo transmuta en otro de plomo-206. Un solo gramo de polonio-210 emite 167 billones de partículas alfa cada segundo. Su semivida es de 138 días (algo menos de 5 meses). Como todo proceso estadístico, la radiactividad se verá reducida a la mitad al cabo de este tiempo (una semivida); al cabo de dos semividas se habrá reducido a la cuarta parte y así, sucesivamente. Después de cinco semividas tan sólo restará algo más del 3% de la cantidad original. En unos dos años la muestra será prácticamente inactiva e inocua.
Cada partícula alfa que sale despedida de un núcleo de polonio-210 lleva consigo una energía de 5,4 MeV (unas 0,86 billonésimas de joule, la unidad de energía en el SI de unidades). Como una dosis radiactiva de tan sólo 1 Gy equivale a la absorción de 1 joule por cada kilogramo de peso de la persona, esto quiere decir que un hombre de 70 kg expuesto a 10 Gy, una dosis suficiente para que dicha persona comience a experimentar efectos gastrointestinales y trastornos en su médula ósea del todo similares a los experimentados por Alexandr Litvinenko, estará sufriendo el impacto de nada menos que 810 billones de partículas alfa.
Teniendo en cuenta que Litvinenko permaneció vivo tres semanas con el polonio-210 activo en el interior de su cuerpo, debió de estar sometido a una actividad de casi 470 millones de becquerels. Esta cantidad puede verse reducida si se tiene en consideración lo afirmado anteriormente y es que las partículas alfa pueden mostrarse entre 1 y 20 veces más dañinas que el resto de las radiaciones ionizantes.
Tomando un factor 4 como estimación sensata, la actividad de la muestra ingerida por el exagente del FSB ruso pudo haber sido de unos 118 millones de becquerels (118 MBq). Considerando la masa del núcleo del polonio-210, semejante actividad equivale a unos escasísimos 0,7 microgramos. En un solo grano de azúcar cabrían casi un millar de dosis como la anterior.

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Ahora se comprende perfectamente por qué el asesino de Litvinenko escogió una sustancia como el polonio-210. Resultaba muy fácil de camuflar, ya que con un simple envoltorio de papel bastaría para que la radiación alfa no alcanzase a la persona que lo transportara. Posee una semivida intermedia, ni demasiado larga como para que la actividad no fuese suficientemente alta como para causar una muerte relativamente rápida, ni demasiado corta como para que el sicario hubiese podido verse apurado ante el posible agotamiento de la fuente radiactiva. Los 138 días de la semivida del polonio-210 resultan más que suficientes para que, una vez adquirido el veneno, aún se mantuviese con una actividad elevada en el momento de ser administrado a la víctima.
Hasta los asesinos demuestran, en ocasiones, conocimientos de física nuclear. Piénsalo dos veces antes de tomarte una taza de tu infusión favorita…
Fuentes:
David R. Lapp. Teaching Nuclear Radiation and the Poisoning of Alexander Litvinenko. The Physics Teacher, vol. 46, March 2008, 160-161.
Richard A. Muller. Física para futuros presidentes. Antoni Bosch, editor. 2009.